Redescubrir una nueva mística para el 2017.

DCIM190GOPRO

El futuro de la economía mundial debe considerar un plan para no ser seducidos por un consumo alienante que enajena los verdaderos objetivos de la vida en sociedad.

 

La década de los precios extraordinarios de las materias primas y de los altos flujos financieros y comerciales, que se inicia en el 2003 y se termina en el 2013, dio al mundo una sensación de optimismo ilimitado; sin embargo la caída de los mercados de commodities a partir el segundo semestre del 2013, parece seguir un curso bastante lento, permaneciendo en una especie de valle que se prolonga por tres años y ahora parece anunciar una lenta y tímida recuperación para el 2017.

Hay quienes plantean (FORBES , FMI) riesgos mayores que pueden afectar el desenvolvimiento de la economía mundial: puede ser uno de ellos el bajo crecimiento de la economía norteamericana, que al no incrementar su demanda a ritmo adecuado afectará diversos mercados, tanto de Asia, América Latina y también de Europa. Pero en el gran país del norte asoma otro riesgo de dimensiones planetarias: la elección presidencial con la victoria de Donald Trump. Este presidente sorpresivo, deja al sistema financiero en la estacada.

Recordemos que EE.UU. de Norteamérica ha reconocido al mundo especulativo-financiero como el gran motor de la economía, junto al endeudamiento externo e interno y el consumo. De forma tal que ahora, el nuevo presidente electo asegura cambiar el eje del crecimiento norteamericano. Un vuelco en 180 grados en las políticas que, hasta hoy, alimentaron a las élites económicas y políticas de ese país. Es como si a un paciente gravemente enfermo, crónicamente afectado por un mal agresivo, se le cambiara la base del tratamiento de manera radical.

El problema es que el nuevo tratamiento habla de repliegue hacia las fuerzas internas del paciente y eso, en un país caracterizado como gran consumidor planetario, traería consecuencias respecto a otras regiones del mundo, que son las que producen para el consumo del gran mercado americano.

Si se da una política expansiva del gasto -como se ha prometido-, acompañado de una reducción de impuestos, entonces se demandarán recursos en el aparato financiero mundial, lo que encarecerá el costo del dinero, el déficit del gobierno y creará un endurecimiento de las condiciones financieras en los países con deudas o que requieran nuevas inversiones.

Otro de los grandes problemas está en los precios de la energía. Los países exportadores de petróleo, ante el derrumbe de los precios, aportan un factor recesivo importante en la economía mundo: grandes países y regiones como Rusia, Medio Oriente, América Latina, son afectados por estos bajos precios.

Lo mismo acontece con los bajos retornos en las materias primas en general, toda la región latinoamericana se ve afectada, contribuyendo a reducir las expectativas de recuperación de la economía mundial.

Las nuevas naciones factorías del mundo: Brasil, Rusia, India y China, si bien crecen todavía a tasas aceptables (China e India) enfrentan un desafío de dirección de sus estrategias, percibiéndose una mayor vocación hacia reformas estructurales para avanzar en nuevas etapas de su desarrollo.

Las cifras de corto plazo van indicando un pequeño repunte de las economías en el último semestre del 2016 y apuntan hacia una leve mejoría para el 2017.

No aparecen los nuevos reactores que puedan alimentar un nuevo despegue de más largo plazo de la economía mundo. Sin duda que si EE.UU. aumenta el gasto interno en infraestructura y China e India hacen algo similar; si Europa o Japón hacen un giro hacia incrementar la inversión y el gasto, relajando un tanto las restricciones, entonces es posible que se recomponga la dinámica mundial.

La enseñanza que deja la economía dominante en Occidente, es de crecimiento sesgado hacia lo financiero, producción sesgada hacia el consumo de las elites, desarrollo social deforme, inestabilidad crónica de las economías, conflictividad endógena (polarización de clases) y exógena (confrontación de), crisis de gobernabilidad, descomposición moral de las elites y dominación excesiva de las empresas y poderes transnacionales como de los fácticos.

En fin, redescubrir una nueva mística del trabajo y la producción, de una vida simple pero creativa y no ser seducidos por un consumo alienante que enajena los verdaderos objetivos de la vida en sociedad es el nuevo desafío.

Por: Hugo Latorre Fuenzalida

Economista

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*